Luego de muertes de animales rodeadas de polémica e infinidad de cuestionamientos, ayer los guanacos fueron los últimos en irse del Zoológico de San Rafael de Mendoza, que cerró sus puertas para siempre. El traslado de los animales marcó el cierre definitivo del paseo, como habían acordado sus autoridades y organizaciones ambientalistas y defensoras de los animales.
Los guanacos fueron trasladados a una reserva sanrafaelina en la zona de las Salinas del Diamante en El Nihuil, con lo que el predio que ocupaba el zoo en el parque Mariano Moreno quedó vacío. “Acompañé cada uno de los traslados y me aseguré in situ que todos fueran felices en sus nuevos hogares”, dijo ayer Josefina Mazzini, miembro de Cultura Animal que trabajó dos años arduamente con reservas naturales y santuarios para reubicar los animales en el mejor lugar posible.
A partir de ahora, el predio donde estuvo el zoológico, a pocos kilómetros San Rafael, se convertirá en un parque-camping gestionado por las agrupaciones gauchas locales.
La mona capuchina “Panchi” fue la primera que inició la aventura liberadora el 15 de diciembre de 2014, cuando la llevaron a una reserva llena de árboles en la localidad cordobesa de La Cumbre, donde trabajan profesionales y voluntarios de todo el mundo y convive con otros 170 ejemplares de primates.
Hastiados de las jaulas y las piletas artificiales la siguieron el ciervo y la tortuga de agua, que ahora viven en el parque ecológico urbano de Río Cuarto (Córdoba); los burros; un par de jabalíes; decenas de aves de rapiña que pueden volar a sus anchas y a la altura que les plazca en un predio de conservación de carnívoros silvestres en San Carlos (Mendoza) y una curiosa lechuza.
Entidades protectoras de animales, veterinarios y el municipio coincidieron en este logro de darle un nuevo y feliz destino a los animales y cerrar para siempre el predio, que funcionaba desde 1958. El cierre del zoo mendocino, se espera, actuará como disparador para procesos similares en otros puntos del país.
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